Cinco reyes vallenatos de 17 que se presentaron, subieron a la tarima Colacho Mendoza, del Parque de la Leyenda, donde se desarrolla cada año la final del Festival de la Leyenda Vallenata. 

Cada uno tenía una historia detrás: uno de ellos fue el acordeonero de los momentos más exitosos de Jorge Oñate, otro era el único boyacense en llegar a ser rey vallenato. Otro llevaba el nombre del primer reyes y otro llevaba toda la vida ganando en las diferentes categorías del festival. Y el premio fue para Almes Granados, el acordeonero cuya corona viene a sumarse a la extensa lista que ha conseguido su familia a través de él y de sus sobrinos. 

A diferencia de la mayoría de competidores, que tocan acordeón desde la infancia o adolescencia, Almes Granados, conocido también como ‘El negro grande de Mariangola’, comenzó a tocar acordeón a los 20 años. Llegaba a la competencia con el peso de ser el tío del rey de reyes 2007, Hugo Carlos Granados. Y aún, mientras se esperaba el fallo, la gente se preguntaba si acaso el Festival le daría la corona más esquiva de todas (solo se puede optar por ella cada cinco años) dos veces a la misma dinastía de acordeoneros.

Sí, sí se podía. Almes Granados lo consiguió con sus notas en el acordeón. Su interpretación fue pausada y no se sentía nerviosismo en su actitud. Subió acompañado en la caja por Adelmo Granados. Su repertorio elegido estaba lleno de guiños a la poderosa tradición musical de su familia.

De hecho, fue a su dinastía, a su pueblo natal y a Dios a quienes prometió dedicarles el triunfo si llegaba a ganar. 

Cada uno de los reyes vallenatos en competencia tuvo cuatro minutos, contados con cronómetro, para interpretar cada uno de los aires, excepto la puya, que -debido a los solos que suelen hacer de cada instrumento- puede llegar a durar cinco minutos. Pasarse de tiempo puede llevarles a perder puntos.